lunes, 13 de agosto de 2007

Muerdeme...

Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha convivido con supersticiones y leyendas de todo tipo. Pero, sin lugar a dudas, una de las figuras que se ha constituído en protagonista indiscutida de esas historias, es el vampiro.
Tal vez porque aún hoy, en algunos lugares, se sigue debatiendo la posibilidad de su existencia...
La palabra "vampiro" proviene de las antiguas lenguas eslavas y tiene varias acepciones, entre ellas, "beber" y "lobo".
Un vampiro es un ser poderoso, de gran fuerza física y una inteligencia brillante, que se alimenta de sangre humana para sobrevivir y mantenerse joven. Si bien su apariencia es la de una persona común, tiene algunos rasgos particulares que lo hacen identificable.
Físicamente, suelen ser altos, de buen porte y con cierta palidez en su tez, aunque no todos comparten esta característica. Los verdaderos Nosferatu (vampiros puros) pueden tolerar la luz del sol, aunque la odian. Y no se ven afectados ante los crucifijos o el agua bendita, a menos que antes de ser convertidos, fueran creyentes.
La idea de que esto puede hacerles daño, es un mito surgido en los últimos setenta años.
Si son heridos, su cuerpo se regenera sin mayores inconvenientes, pero no son inmortales, como muchos suponen. Sólo mueren si logran ser decapitados o quemados.
Si se les clava una estaca de madera de roble en el corazón, el Nosferatu no muere, sólo se paraliza mientras la estaca permanece allí.
No sienten hambre, como sostiene el folclore popular, sino una sed incontrolable que sólo se satisface cuando consiguen sangre.
Se dice que no se reflejan en los espejos, no salen en las fotografías y no siempre proyectan sombra.
El ajo tampoco les produce ningun efecto adverso, aunque no toleran muy bien el perfume de su flor.
Tienen la habilidad de ejercer un dominio hipnótico sobre ciertos animales como los lobos y los zorros.
Y necesitan dormir recostados sobre puñado de su tierra natal, para poder conciliar el sueño.
Con respecto a su personalidad, puede decirse que se trata de individuos de caracter reservado y distante. Se dice que pueden llegar a ser muy sensuales y seductores, y que son poseedores de una virilidad extraordinaria,en el caso de los hombres.
Las primeras referencias históricas sobre vampiros, aparecen en la Antiguedad. La mayoria de los pueblos, desde Egipto hasta el Imperio Romano, hacen alusiones a este tipo de criaturas.
En el siglo XII, aparecen relatos en Inglterra y Dinamarca.
Más tarde, en los siglos XVI, XVII y XVIII, el vampirismo se populariza en paises de Centroeuropa como Austria, Hungría o Rumania, y comienzan a conocerse cientos de testimonios y documentos sobre ataques de vampiros. De hecho, el propio Jean Jacques Rousseau afirmó que "si hubo alguna vez en el mundo un hecho garantizado y probado, es la existencia de los vampiros. Los testimonios y las pruebas son abrumadores".
El doctor Gerard Van Swieten, médico de la emperatriz María Teresa I de Austria, aseguro tras sus investigaciones que los vampiros eran reales.
Años más tarde, la medicina trató de echar luz sobre el vampirismo, y arrojó dos teorías que podrían explicar este fenómeno. Una se basa en las epidemias de peste, hecho que provocó que muchas personas fueran enterradas sin constatar su muerte clínica, en un intento desesperado por evitar el contagio.
Por tanto, al abrir los ataúdes, no era díficil encontrar un cadaver conservado y con manchas de sangre, ya que la muerte se producía posteriormente al entierro y era muy probable que la victima se provocara heridas sangrantes al tratar de escapar.
Otra explicación se basa en la anemia, enfermedad clásica caracterizada por un deficit en la producción de globulos rojos, lo que produce una intensa palidez, cansancio y fatiga. O la porfiria, que es provocada por una alteración metabolica de las enzimas que intervienen en la producción de hemoglobina, haciendo que a los síntomas de la anemia se sume una gran sensibilidad a la luz.
Una tercera explicación, mucho más actual, se refiere específicamente a las patologías psiquiatricas.
La historia está llena de personajes a los que se les ha atribuído una atracción patológica por el consumo de sangre humana.
Tal vez, el más famoso personaje ligado al vampirismo fue Vlad III Tepes "El Empalador", en quien se inspiraría Bram Stocker para escribir Drácula.
Pero no fue el unico.
Desde Gilles de Rais, el compañero de armas de Juana de Arco, que torturó y mató a unos 300 niños, hasta la condesa Erzsébet Bárthory, que secuestraba docellas y bebía su sangre porque consideraba que así evitaría envejecer, la lista parece interminable.
En 1861, Martin Dumollard aterrorizó Francia, asesinando mujeres para beber su sangre.
En la decada del '70, el argentino Florencio Roque Fernandez supo alcanzar su fama al beber la sangre de sus víctimas, al igual que Marcello Andrade que, en 1991, mató a 14 jovenes para tomar su sangre.
Sin embargo, la literatura y el cine, han conseguido -sobre todo en los últimos años- que la figura del vampiro se observara desde una óptica completamente diferente.
El halo de sensualidad y peligro que rodea a los vampiros, junto con sus poderes inimaginables y sus oscuros secretos, los ha convertido en los protagonistas ideales para las novelas románticas. Son el epítome del héroe atormentado. Seres de profundos sentimientos, capaces de amar con una absoluta intensidad, ardientes y apasionados. Seres que buscan desde las sombras a la mujer que pueda completar sus turbulentas vidas. Seres que a pesar de su condición no son capaces de renunciar al amor, porque saben que el amor también tiene un lado oscuro.