miércoles, 26 de septiembre de 2007

Ver para creer...

¿Existe el Más Allá? ¿Existen los fantasmas? ¿Es posible que el mundo de los vivos se confunda, a veces, con el mundo de los espectros? ¿O acaso esos mundos son uno solo, y nosotros convivimos con esas almas a diario, sin darnos cuenta?
La palabra "fantasma" deriva del griego y significa "aparición".
Para la mayoría de las culturas, un fantasma es el alma de un ser ya fallecido que se manifiesta entre los vivos de forma perceptible, ya sea tomando apariencia visible, produciendo sonidos, o desplazando objetos (poltergeist) principalmente en lugares que frecuentaba en vida, o que están asociados a sus seres queridos.
Mientras que en oriente, es milenaria la creencia en la reencarnación -una doctrina que sostiene que, al morir, las almas pasan a un estadío de Limbo hasta su próxima vida- en occidente, se concibe a los fantasmas como almas en pena que no pueden encontrar descanso tras su muerte (que puede haber sido violenta o sorpresiva, dejando al difunto sin la posibilidad de despedirse de su familia, o de dejar esta existencia en paz) y quedan atrapados entre ambos mundos.
Los testimonios acerca de fantasmas se remontan hasta los sumerios y los egipcios, pero, a pesar de los siglos, las formas de comunicación con los espíritus se siguen resumiendo en una sola: el espiritismo.
En la antigua China ya se hablaba de diferentes formas de comunicación con el Más Allá.
Desde la época de Pítagoras -500 años antes de Cristo- los griegos ya participaban de este tipo de practicas. Y, del mismo modo, en el Imperio Romano y en la America precolombina, se habían desarrollado diversos ritos para contactarse con los muertos.
No obstante, el espiritismo moderno se inició alrededor de 1850 cuando dos pequeñas hermanas con aparentes facultades extrasensoriales, idearon un juego con el que aseguraban podían hacer que los objetos inanimados se movieran.
Este juego no era otra cosa que la ouija.
Años más tarde, en 1853, un espiritualista francés, basándose en este juego, diseñó una ouija, similar al que concemos en la actualidad.
La ouija es una tabla que contiene todas las letras del abecedario, los números del 1 al 10, y, en dos extremos opuestos, las palabras "sí" y "no".
La ouija cuenta con un puntero que supuestamente se utiliza -en las sesiones de espiritismo- para descifrar el mensaje de los espíritus, permitiendo que ellos mismos lo deslicen por la tabla para formar las palabras y las frases que quieren comunicar.
Actualmente, son muy comunes, pero es sabido que las experiencias con la ouija llegan a ser sumamente desagradables.
Sin embargo, y a pesar de ser la forma más popular de comunicación con el Más Allá, no es la única.
En los últimos años, los avances tecnológicos han permitido desarrollar algunas técnicas nuevas para la captación de espectros, que dieron como resultado las famosas psicofonías que son grabaciones hechas con aparatos muy sofisticados que supuestamente permiten escuchar la voz de los espíritus, o las cámaras infrarrojas ultrasensibles que detectan cualquier movimiento energético.
En las últimas decadas, no sólo se han investigado y llevado al cine distintos casos de apariciones en todo el mundo, sino que muchos de los lugares en los que se supone deambulan los espiritus se han convertido en centros de atracción turística.
Así, por ejemplo, en Edimburgo, Escocia, se ha vuelto famoso un sector de la ciudad llamado Mary King's Close, donde son comunes las apariciones de fantasmas.
Cuenta la historia que, en 1645, este sector de la ciudad fue atacado por la peste, y las autoridades decidieron encerrar a sus habitantes rodeando las callejuelas del vecindario con altos muros, para evitar que se propague la enfermedad.
Tres meses más tarde, cuando el municipio hizo limpiar el lugar y retirar los cadáveres, los rumores sobre almas en pena no se hicieron esperar.
Hace algunos años, una medium japonesa fue hasta ese lugar, acompañada por equipo de un noticiero. Y, allí, tomó contacto con el espíritu de una niña pequeña, que le contó que había muerto en 1645, y que estaba muy triste porque había perdido su muñeca.
La psíquica, entonces, hizo colocar en el lugar un juguete y desde entonces el fantasma de la niña no volvió a ser visto. De todas maneras, existen otras apariciones en Mary King's Close que continúan hasta hoy.
Otro caso sobresaliente es el de La LLorona, en la ciudad de México.
Se trata del espíritu de una mujer que viste de blanco, con un velo sobre el rostro, y que transita la plaza principal de la ciudad -el Zocalo- gimiendo desgarradoramente hasta que se desvanece. No se sabe cual es su historia. Algunos creen que es la amante indígena de Hernan Cortes, que se lamenta por haber traicionado a su pueblo. Otros sostienen que se trata de una madre soltera que deshizo de su hijo por vergüenza, y por esa razón su alma quedo maldita.
Muchos son los casos de fantasmas que se han hecho populares en todo el mundo.
En nuestro país, especificamente en la cuidad de Buenos Aires existen historias trágicas que han dejado almas en pena vagando sin rumbo por las calles porteñas.
Así está, por ejemplo, el fantasma del Museo Isaac Fernández Blanco, en la esquina de Suipacha y Av. del Libertador..
Se trata del espíritu de una joven de 17 años que vivó en el palacio, y falleció de tuberculosis allí mismo. Hoy la casa se ha convertido en el Museo de Arte Hispanoamericano, pero el espiritu de la chica continúa paseandose por los jardines de la casa, y son numerosos los testimonios de visitantes y artistas que aseguran haberla visto. Entre ellos, los de Oliverio Girondo y Manuel Mujica Láinez, quienes dijeron haber mantenido breves conversaciones con ella.
Otro de los fantasmas conocidos de de Buenos Aires, es el de Felicitas Guerrero de Alzaga, quien fue asesinada por un pretendiente despechado, el mismo dia en que la joven, de 24 años, iba a casarse con otro. Desde entonces, los vecinos del barrio de Barracas, cada 30 de enero (aniversario de su muerte) escuchan sonar las campanas de la Iglesia de Santa Felicitas, sin que nadie las toque, y ven el espiritu de la muchacha recorriendo la iglesia y aferrandose a los barrotes de las rejas mientras solloza apenada.
Es así, al parecer, como estas almas conviven con nosotros, deambulan entre nosotros y, a veces, se hacen visibles para nosotros, quiza con la esperanza de alejarse su eterna soledad.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Los Secretos del Mar: La Atlántida...

En mayor o menor medida, todos hemos escuchado relatos acerca de la Atlántida, sin duda, uno de los mitos más célebres que el mundo haya albergado.
Si bien la humanidad aún no tiene absoluta certeza sobre su existencia, ha alimentado, durante siglos, la idea de su posible hallazgo.
Las primeras referencias acerca de esta civilización, aparecen en los diálogos de Timeo y Critias, del filósofo griego Platón.
Allí, se describe a una sociedad sumamente poderosa, que vivía en una gran isla, tras el estrecho de Gibraltar, denominado por aquella época "las columnas de Hércules".
Muchos años antes, Solon (bisabuelo de Critias) ya hablaba de una isla, ubicada hacia el oeste, que desbordaba de hermosura y riquezas, pero que había sido destruída por un colosal cataclísmo.
Solon obtuvo esta versión de dos sacerdotes egipcios, en uno de sus viajes a las costas del Nilo, y luego fue plasmada por Platón en sus textos.
Según el relato de Solon, más allá de las columnas de Hércules, se extendía una espledorosa tierra insular, de gran belleza y dotada de una extensa y rica llanura, en su región central.
Evenor -uno de los primeros habitantes de aquel remoto paraje- se estableció allí con su esposa, y tuvo una única hija llamada Cleito, portadora de una impresionante hermosura.
Cuenta la leyenda, que Evenor y su esposa murieron cuando Cleito era aún muy joven. Fue entonces, cuando Poseidón -el dios de los mares- puso sus ojos en ella.
Al ver su amor correspondido, Poseidón tomó a Cleito por esposa y tuvo con ella cinco pares de gemelos, todos varones, estableciendo sus dominios en la isla, a la que llamó Atlántida.
Así, él y sus hijos, dieron origen a una dinastía de reyes -los atlantes- que gobernaron aquella tierra con justicia y sabiduría.
De esa forma, la isla alcanzó un altísimo desarrollo, tanto a nivel material como científico, y su fama se extendió por todo el mundo antiguo.
Según los escritos de Platón, la Atlántida estaba configurada por un grupo de anillos concéntricos de tierra, aislados por medio de agua y muros.
Los atlantes construyeron puentes sobre los anillos de agua para acceder a la metrópoli, y un gran canal que comunicaba el centro de la isla con el mar, a modo de puerto.
Se dice que era una civilización increíblemente avanzada y que la ciudad ostentaba construcciones magníficas, cuyos templos estaban completamente revestidos en oro y plata, y cuyas leyes sagradas estaban grabadas en una columna de oro, que se hallaba en el centro exacto de la isla.
No obstante, aquel desarrollo hizo de los atlantes seres soberbios que, en la sucesivas generaciones, se volvieron ambiciosos, corruptos e inmorales.
Entonces, sus faltas fueron castigadas por los dioses, quienes decidieron destruir la Atlántida hundiéndola, para siempre, en las profundidades del mar.
Si bien la leyenda era conocida en la Edad Media, no es hasta el Renacimiento que se recupera y se debate su veracidad.
En el siglo XVII, el jesuita alemán Athanasius Kircher afirmó que el continente perdido estaría localizado en algún punto en el océano Atlántico, entre España y América. Y confeccionó un mapa, en el que identificaba varias islas -entre ellas las Azores, Canarias y Antillas- como restos del imperio perdido.
Esta es una de las hipótesis más reconocidas hasta hoy por la geología moderna, puesto que la teoría de Kircher tiene directa relación con el concepto de movimiento de placas continentales, que sostiene que, en un momento dado, todos los continentes estuvieron unidos, y que, al separarse, dieron origen a varias islas, entre las que pudo haber estado la Atlántida.
De todas formas, no es hasta mediados del siglo XIX que la leyenda de la Atlántida cobra popularidad, cuando, en 1869, Julio Verne escribe "Veinte mil leguas de viaje submarino".
Años después, el congresista norteamericano Ignatius Donnelly, tras estudiar las semejanzas entre la cultura egipcia y las culturas mesoamericanas, sostuvo la teoría de la existencia de una región, hoy desparecida, que fue el nexo entre ambas civilizaciones, y cuyo eco habría perdurado en la leyenda de la Atlántida.
Más tarde, en 1940, el psíquico norteamericano Edgar Cayce predice que "en 1968, la Atlántida volvera a la superficie frente a las costas de Florida". En 1969, frente a la penísula de Florida, se descubre una formación rocosa submarina, hoy llamada carretera de Bimini, sobre cuyo origen no existe concenso.
En 1960, el mito del continente perdido atrapó al oceanógrafo francés Jacques Cousteau, que realizó varias expediciones con el fin de seguir sus rastros.
Tiempo después, en el museo Cabrera, de Perú, los científicos rescataron una piedra de Ica con el grabado de un mapa que muestra la constitución de los continentes en épocas remotas, en el que no sólo se da testimonio de la existencia de la Atlántida, sino que aparece otro continente legendario, Lemuria.
Entre tanto, también se barajan numerosas hipótesis dedicadas a explicar la desaparición de un territorio tan vasto.
La ciencia moderna ha descartado las teorías acerca de la elevación del mar, puesto que pese a derritiemiento de los glaciares, una superficie de esa magintud no hubiera podido quedar tapada por el océano en su totalidad.
Una teoría más aceptada es la que defiende una serie de erupciones volcánicas, como las que llevaron a la destrucción de la isla de Krakatoa, en 1883. No obstante, la ausencia de cenizas volcanicas en las costas de los continentes cercanos, pone en duda esta observación.
Las vertientes cientifícas son variadas, desde las que identifican a las Azores como parte del relieve montañoso que sobrevió a la destrucción de la Atlántida, hasta la caída de un meteorito.
Pero de momento, niguna de ellas establece con precisión las causas de su desaparición.
Con respecto al mito de la Atlántida, Rainer Kuehne, miembro del equipo científico de la Universidad de Wuppertal -que realizó una investigación para la BBC de Londres- señaló que las marismas de Hinojos, en España, podrían ser realmente parte de la costa que quedó sumergida entre el 800 y el 500 a.c., e incluso sostuvo que "las estructuras rectángulares que se observan en las fotografías, podrían ser parte de los templos que Platón describió en sus diálogos".
Pese a que aún no se han encontrado las suficientes evidencias para corroborar totalmente su existencia, la ciencia continúa tratando de establecer su paradero.
En 2005, se llevó a cabo el primer congreso científico sobre Atlántida, en la isla griega de Milo, y se proyecta un segundo congreso de este tipo, para el 2008.
La humanidad parece guardar la esperanza de que algún día la Atlántida salga a luz y deje de ser una leyenda. Tal como ocurrió en 1903, cuando Henry Schilemann, demostró al mundo que Troya, la ciudad mítica de Homero, era una realidad palpable.
Es por ello que los narradores de leyendas americanos mantienen vivo este mito, y cuentan que en tiempos remotos existieron dos continentes más.
La Atlántida, al oriente, y Lemuria, al occidente.
Pero un día, los mares se levantaron con furia y lucharon contra las montañas. Muy pocos se salvaron, pero nadie sabe, a ciencia cierta, que pasó con ellos.
Mientras tanto, en América se formaron nuevas civilizaciones que se llamaron a sí mismos mayas, incas y aztecas.
Civilizaciones que dejaron manifestaciones gigantes de sus conocimientos avanzados, como los calendarios, las mediciones atronómicas, las pirámides y las construcciones de Machu Pichu o los dibujos de Nazca.
Los narradores cuentan que esos conocimientos llegaron al continente americano con un pequeño grupo de hombres de una raza extraña, que aseguraban haber sobrevivido a una tragedia que el mundo jamás podría olvidar.

sábado, 8 de septiembre de 2007

El Comandante...

"Enviaré a mi Angel delante de tí, para guardarte en tus caminos. Respétalo y escucha su voz, pues mi Nombre está en él" (Éxodo).
Así, se refieren los textos sagrados al Arcángel Miguel, el comandante en jefe de las milicias celestiales, un título otorgado de forma unánime por las doctrinas judía, católica y musulmana.
Pero ¿Quién es Miguel? Y más allá de nuestras creencias ¿Cuánto sabemos sobre su historia?
El nombre Miguel proviene del hebreo antiguo, y significa ¿Quién como Dios?
Cuenta la leyenda que, en el principio de los tiempos, los ángeles fueron creados de la nada.
Se trataba de puros espíritus, inteligentes, amorosos y con voluntad propia, domésticos del trono de Dios. Fueron distribuídos en una sacra jerarquía, compuesta por nueve coros, en función de una alabanza incesante.
En ese mundo de ángeles, destacaba uno en particular, el favorito de Dios.
Su nombre era Luzbel (El que lleva la Luz) y, según cuenta la historia, el Señor lo había provisto de una gran belleza.
Sin embargo, este ángel, al contemplar su poder y su hermosura, se alzó contra el Creador y enfrentándolo, le dijo: "Subiré a los cielos y pondré mi trono sobre las estrellas. No quiero servirte, seré igual a tí".
Un colosal choque estremeció el firmamento, las tinieblas y la luz se enfrentaron, y los ángeles quedaron divididos por la rebeldía de Luzbel.
De pronto, un grito de fidelidad, impuso orden en medio del caos. Un arcángel desconocido se abrió paso y enfrentó al traidor, diciéndole: ¿Quién como Dios?" y venciéndolo con su espada, lo expulsó del Paraíso.
Así, mientras el ahora llamado Lucifer, se precipitaba a los abismos del Infierno, el victorioso Miguel, ascendía a la capitanía de todos los ángeles fieles a Dios, y desde entonces, custodia y defiende su trono.
Miguel, no es un arcángel común, sino que es un guerrero.
Es por ello que no comparte la imagen angelical de los artistas del Renacimiento, sino que es representado con armadura o uniforme de centurión, musculoso, poderoso, con su espada siempre en alto, en señal de defensa, y triunfando sobre el dragón.
La palabra arcángel deriva del griego (arch- principal y angel-mensajero) y significa el príncipe de los ángeles.
El culto al arcángel Miguel se remonta a los tiempos de los persas, quienes lo veneraban bajo el nombre de Beshter, y lo consideraban el protector de la humanidad.
Es símbolo de la Justicia perfecta, y es considerado incorruptible.
Son numerosos los testimonios documentados que dan cuenta de sus apariciones a lo largo de los siglos.
En los escritos de San Alfonso de Ligorio, encontramos un pasaje en el que se hace referencia a la experiencia de un moribundo: "Este hombre había vivido muchos años en pecado y lejos de Dios. San Miguel se le apareció alentándolo al arrepentimiento. En ese momento llegaron dos sacerdotes dominicos, que le dieron su absolución, permitiendo que este hombre falleciera reconciliado con Dios. Los dominicos aseguraron que habían llegado hasta allí por pedido de un extraño joven".
Años más tarde, durante el pontificado de san Gregorio, una peste terrible arrasó la ciudad de Roma. El papa, entonces, ordenó una procesión penitencial desde Santa María la Magiore, que él mismo encabezó. Durante la peregrinación, unas 80 personas murieron debido a la enfermedad que los asolaba. De pronto, al llegar al puente que cruza el río Tiber, la multitud se vió conmovida al ver sobre el actual castillo de San Angelo, al mismísimo arcángel Miguel observandolos. En su mano derecha portaba su espada, y al guardarla en su vaina, la peste cesó de inmediato, y todos los enfermos quedaron curados.
El 25 de abril de 1631, Diego Lázaro, se encontraba en una procesión por el día de San Marcos, en Tlaxcala, México, cuando se le apareció san Miguel y le dijo: "Yo soy el arcángel Miguel, dile a los habitantes de esta región que, frente a este lugar, hay una fuente de agua milagrosa, que sanará a los enfermos. No dudes de lo que te digo y no olvides lo que te he mandado a hacer".
Sin embargo, Diego, pensando que nadie iba a creerle, guardó silencio. Tres días más tarde, enfermó gravemente. Nuevamente, el arcángel se le apareció y le indicó el lugar exacto de la fuente.
Pero una vez recuperado, Diego, por temor a la gente, volvió a callar.
Seis meses después, cuando estaba en misa, un dolor terrible lo atacó y lo obligó a salir de la iglesia. San Miguel se le apareció por tercera vez y con tono de reproche le espetó: "¿Por qué eres tan cobarde y negligente con lo que te he encomendado? ¿Deseas que vuelva a castigarte? Levántate y da a conocer lo que te he dicho".
Finalmente, Diego cumplió con la orden de San Miguel. El obispo ordenó que el agua fuera repartida entre los enfermos y, así, todos fueron testigos de su sanación.
Recientemente, el templo fue restaurado y continúa recibiendo visitas, pues los eventos milagrosos continúan hasta la actualidad.
Otra de las recientes apariciones que el mundo recuerda del arcángel Miguel, se produce en Fatima, en 1916, cuando éste se aparece tres veces consecutivas a los niños, para anunciarles la visita de la Virgen.
En su última aparición, él mismo celebra la Eucaristía con los niños y les dice: "Tomad el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios".
Estos son sólo algunos de los cientos de testimonios, en todo el mundo, de personas que aseguran haberlo visto y haber recibido gracias a través de su intercesión. Como el caso de Maribel, una mujer que reside en EEUU, y cuyo hijo sufrió un terrible ataque respiratorio, que lo llevó a pasar dos días internado.
Maribel, se encomendó a la protección de san Miguel y le pidió por su hijo. Una de las noches en que esta mujer cuidaba del niño, se vió vencida por el sueño. De pronto, despertó sobresaltada pensando que su hijo podía encontrarse mal, y -según sus propias palabras- al entrar a su habitación, vió al arcángel parado en la cabecera de la cama cuidando del niño.
Es así que este noble arcángel, considerado un defensor incólumne del espíritu humano contra las acechanzas del mal, es honrado y venerado en muchos rincones del mundo.
Se dice que él fue quien se le apareció a la mismísima Virgen María, arrodillándose ante ella con un cirio encendido en la mano, para anunciarle su muerte.
Según la tradición musulmana, es el arcángel que llora permanentemente por los pecados de los hombres, e implora a Dios perdón por sus crímenes, en todos los idiomas conocidos, suplicando por la salvación de sus almas.
Se lo representa como un gran guerrero,de mirada centellante y con sus alas inmensas siempre extendidas.
Quienes lo vieron, aseguran que reza constantemente por la conversión de la humanidad, y sostienen que ningún alma sobre la Tierra, escapa a su atención.
(Festividad de San Miguel Arcangel: 29 de septiembre)



sábado, 1 de septiembre de 2007

A la luz de la luna...

Las leyendas sobre hombres lobo han estado presentes desde el Medioevo. Posiblemente, sea uno de los mitos más universales conocidos y también uno de los más arraigados. De hecho, aún hoy, hay mucha gente que cree fervientemente en la existencia de estos seres.
El hombre lobo, también conocido como licantropo -una palabra derivada del griego: lycos (lobo) y anthropos (hombre)- es un sujeto común que, voluntaria o involuntariamente, se convierte en lobo, en las noches de luna llena.
Si la transformación es voluntaria, generalmente, se atribuye a alguna especie de pacto satánico, que el individuo haya concretado con anterioridad. En cambio, si la metamorfosis es involuntaria, entonces se le adjudica a maldiciones o hechizos proferidos contra esa persona, que pudieron haberse efectuado, incluso, en el vientre de su madre.
Según la tradición, un hombre lobo es un individuo completamente normal la mayor parte del tiempo, que se comporta de manera natural.
No se los puede identificar facilmente, puesto que no tienen un tipo determinado.
Sin embargo, pueden distinguirse algunas carecterísticas particulares, como un exceso de vello en el cuerpo, una gran agilidad y, en algunos casos, un desarrollo inusual de sus sentidos, especialmente el olfato.
No es sino durante las noches de luna llena, cuando se transforman, y se dice que sufren enormemente a la hora de su metamorfosis.
Además, al cambiar, pierden completamente su conciencia humana, volviéndose peligrosos incluso para sus seres queridos.
El mito es esencialemente masculino, y las causas por las cuales un hombre puede transformarse en lobo, varían.
Las más comunes son: dormir desnudo bajo la luz de la luna en medio del bosque, convertirse a través de sortilegios o maldiciones, ser mordido por otro hombre lobo, o ser el séptimo hijo varón y no ser bautizado.
Se dice que el hombre lobo no puede ser herido de gravedad con armas comunes, y que la única forma de darle muerte es con un arma fabricada con plata, ya sea la hoja de un cuchillo o una bala especialmente fundida con ese material. Pero la plata para crear estas armas, debe provenir de algun objeto de culto religioso, que haya recibido una bendición previa.
Nadie sabe con exactitud cuando se originaron las leyendas sobre hombres lobo, aunque algunos sostienen que surgieron como una explicación frente a diversas patologías totalmente desconocidas, por aquellas épocas.
Una explicación posible que ha arrojado la ciencia moderna, hace referencia a una rara enfermedad llamada hipertricosis congénita, de la cuál existen dos variantes.
La primera, es la hipertricosis lanuginosa congénita que consiste en un crecimiento indiscriminado del vello, que puede llegar a medir hasta 25 cm, y que cubre absolutamente todo el cuerpo, con excepción de las palmas de las manos y las plantas de los pies. Es una enfermedad extremadamente rara, de la cuál sólo se han documentado 50 casos desde la Edad Media hasta nuestros días.
La segunda variante, se conoce como Sidrome de Ambras, y en este caso, el vello es mucho más grueso, posee coloración y crece a lo largo de toda la vida. En su mayoría, el sindrome es hereditario.
En cualquiera de los dos casos -salvo por la exagerada cantidad de pelo- esta enfermadad no trae aparejada ninguna otra complicación.
En lo que respecta a las historias de hombres lobo, los primeros casos de que se tiene conocimiento surgen en época medieval, y tienen su foco principal en el centro y norte de Europa.
Más tarde, la Inquisición colaboraría para que el mito se propagara rápidamente por todos los países conocidos.
Cientos de personas fueron acusadas de licantropía, y tras lograr de ellas una confesión falsa por medio de terribles torturas, fueron juzgadas y ejecutadas de manera indiscriminada. Tan es así que entre 1589 y 1610, se registraron unas 30.000 ejecuciones.
Pero lejos de lograr su objetivo, que era terminar con los hombres bestia, la Inquisición vió como los casos de lobizones se multiplicaron.
Un caso famosísimo, fue el de la llamada "Bestia de Gévaudan" que, entre 1764 y 1767, aterrorizó a toda la población de Aveyron, en la región de Gévaudan, en el centro de Francia, registrando más de 120 casos de mujeres y niños muertos a dentelladas.
En tan sólo un año se cobró 54 víctimas, un hecho que llegó a convertirse en una obsesión para Luis XV, quien transformó la sucesión de crímenes en un asunto de Estado.
El monarca, alarmado por las abrumadoras cifras, consideró que las abultadas recompensas no eran suficientes, y decidió enviar a "Los Dragones", sus tropas de choque, en busca de la fiera.
Uno de los jefes de caballería, al ver a la bestia, aseguró que "era tan grande como un caballo, pero infinitamente más rápido y estaba claro que las balas no eran capaces de traspasarlo".
Después de tres años de sufrir los tremedos ataques de aquella criatura, finalmente el lobizón fue muerto con una bala de plata, hecha tras fundir una medalla de la virgen. El monstruo fue llevado ante el rey. Más tarde, fue embalsamado y años después sus restos desaparecieron misteriosamente.
En tiempos más recientes y justo antes de la primera guerra mundial, se recogieron gran cantidad de testimonios que aseguraban que tres hombres lobo acechaban la zona boscosa de Ardenas, en Bélgica. En 1925, un pueblo entero cercano a Estrasburgo, declaró que un miembro de la comunidad era un hombre lobo.
En Estados Unidos, en 1946, una reserva de indios navajos padeció los ataques de lo que consideraban un lobizón.
Tres años más tarde, en Roma la policía investigó el extraño caso de un hombre que, según sus vecinos, en luna llena sufría esta metamorfosis.
En 1957, en Singapur, la policía local fue tras los pasos de lo que las autoridades locales consideraron un hombre lobo, que atacó en reiteradas oportunidades una enfermería.
El caso nunca se resolvió, pero trascendió el testimonio de una enfermera que aseguró haber visto a "un individuo de rostro canino, peludo y con colmillos salientes".
En tanto que en nuestro país, en 1920, un decreto del entonces presidente Hipólito Yrigoyen, estableció el padrinazgo del primer mandatario a los séptimos hijos varones nacidos en territorio argentino, otorgándoles una medalla de oro y una beca de estudios hasta los 21 años.
Esto logró finalizar con el abandono indiscriminado y ,en muchos casos, con los sucesivos homicidios perpetrados contra los niños argentinos nacidos bajo esas condiciones.
Contra todo pronóstico, la creencia en los hombres lobo trascendió tiempo y espacio. Aún existen muchas culturas que consideran seriamente su existencia.
Incluso el cine y la literatura se han hecho eco de este mito, transformándolo en historias que muchas veces, llegan a tener una gran carga emotiva.
Y hasta es posible que muchos de nosotros hayamos sucumbido, alguna vez, al encanto de esta leyenda que, un día, se vistió de cuento de hadas y nos hizo emocionar con aquella hermosa historia de amor de La Bella y la Bestia.