lunes, 17 de septiembre de 2007

Los Secretos del Mar: La Atlántida...

En mayor o menor medida, todos hemos escuchado relatos acerca de la Atlántida, sin duda, uno de los mitos más célebres que el mundo haya albergado.
Si bien la humanidad aún no tiene absoluta certeza sobre su existencia, ha alimentado, durante siglos, la idea de su posible hallazgo.
Las primeras referencias acerca de esta civilización, aparecen en los diálogos de Timeo y Critias, del filósofo griego Platón.
Allí, se describe a una sociedad sumamente poderosa, que vivía en una gran isla, tras el estrecho de Gibraltar, denominado por aquella época "las columnas de Hércules".
Muchos años antes, Solon (bisabuelo de Critias) ya hablaba de una isla, ubicada hacia el oeste, que desbordaba de hermosura y riquezas, pero que había sido destruída por un colosal cataclísmo.
Solon obtuvo esta versión de dos sacerdotes egipcios, en uno de sus viajes a las costas del Nilo, y luego fue plasmada por Platón en sus textos.
Según el relato de Solon, más allá de las columnas de Hércules, se extendía una espledorosa tierra insular, de gran belleza y dotada de una extensa y rica llanura, en su región central.
Evenor -uno de los primeros habitantes de aquel remoto paraje- se estableció allí con su esposa, y tuvo una única hija llamada Cleito, portadora de una impresionante hermosura.
Cuenta la leyenda, que Evenor y su esposa murieron cuando Cleito era aún muy joven. Fue entonces, cuando Poseidón -el dios de los mares- puso sus ojos en ella.
Al ver su amor correspondido, Poseidón tomó a Cleito por esposa y tuvo con ella cinco pares de gemelos, todos varones, estableciendo sus dominios en la isla, a la que llamó Atlántida.
Así, él y sus hijos, dieron origen a una dinastía de reyes -los atlantes- que gobernaron aquella tierra con justicia y sabiduría.
De esa forma, la isla alcanzó un altísimo desarrollo, tanto a nivel material como científico, y su fama se extendió por todo el mundo antiguo.
Según los escritos de Platón, la Atlántida estaba configurada por un grupo de anillos concéntricos de tierra, aislados por medio de agua y muros.
Los atlantes construyeron puentes sobre los anillos de agua para acceder a la metrópoli, y un gran canal que comunicaba el centro de la isla con el mar, a modo de puerto.
Se dice que era una civilización increíblemente avanzada y que la ciudad ostentaba construcciones magníficas, cuyos templos estaban completamente revestidos en oro y plata, y cuyas leyes sagradas estaban grabadas en una columna de oro, que se hallaba en el centro exacto de la isla.
No obstante, aquel desarrollo hizo de los atlantes seres soberbios que, en la sucesivas generaciones, se volvieron ambiciosos, corruptos e inmorales.
Entonces, sus faltas fueron castigadas por los dioses, quienes decidieron destruir la Atlántida hundiéndola, para siempre, en las profundidades del mar.
Si bien la leyenda era conocida en la Edad Media, no es hasta el Renacimiento que se recupera y se debate su veracidad.
En el siglo XVII, el jesuita alemán Athanasius Kircher afirmó que el continente perdido estaría localizado en algún punto en el océano Atlántico, entre España y América. Y confeccionó un mapa, en el que identificaba varias islas -entre ellas las Azores, Canarias y Antillas- como restos del imperio perdido.
Esta es una de las hipótesis más reconocidas hasta hoy por la geología moderna, puesto que la teoría de Kircher tiene directa relación con el concepto de movimiento de placas continentales, que sostiene que, en un momento dado, todos los continentes estuvieron unidos, y que, al separarse, dieron origen a varias islas, entre las que pudo haber estado la Atlántida.
De todas formas, no es hasta mediados del siglo XIX que la leyenda de la Atlántida cobra popularidad, cuando, en 1869, Julio Verne escribe "Veinte mil leguas de viaje submarino".
Años después, el congresista norteamericano Ignatius Donnelly, tras estudiar las semejanzas entre la cultura egipcia y las culturas mesoamericanas, sostuvo la teoría de la existencia de una región, hoy desparecida, que fue el nexo entre ambas civilizaciones, y cuyo eco habría perdurado en la leyenda de la Atlántida.
Más tarde, en 1940, el psíquico norteamericano Edgar Cayce predice que "en 1968, la Atlántida volvera a la superficie frente a las costas de Florida". En 1969, frente a la penísula de Florida, se descubre una formación rocosa submarina, hoy llamada carretera de Bimini, sobre cuyo origen no existe concenso.
En 1960, el mito del continente perdido atrapó al oceanógrafo francés Jacques Cousteau, que realizó varias expediciones con el fin de seguir sus rastros.
Tiempo después, en el museo Cabrera, de Perú, los científicos rescataron una piedra de Ica con el grabado de un mapa que muestra la constitución de los continentes en épocas remotas, en el que no sólo se da testimonio de la existencia de la Atlántida, sino que aparece otro continente legendario, Lemuria.
Entre tanto, también se barajan numerosas hipótesis dedicadas a explicar la desaparición de un territorio tan vasto.
La ciencia moderna ha descartado las teorías acerca de la elevación del mar, puesto que pese a derritiemiento de los glaciares, una superficie de esa magintud no hubiera podido quedar tapada por el océano en su totalidad.
Una teoría más aceptada es la que defiende una serie de erupciones volcánicas, como las que llevaron a la destrucción de la isla de Krakatoa, en 1883. No obstante, la ausencia de cenizas volcanicas en las costas de los continentes cercanos, pone en duda esta observación.
Las vertientes cientifícas son variadas, desde las que identifican a las Azores como parte del relieve montañoso que sobrevió a la destrucción de la Atlántida, hasta la caída de un meteorito.
Pero de momento, niguna de ellas establece con precisión las causas de su desaparición.
Con respecto al mito de la Atlántida, Rainer Kuehne, miembro del equipo científico de la Universidad de Wuppertal -que realizó una investigación para la BBC de Londres- señaló que las marismas de Hinojos, en España, podrían ser realmente parte de la costa que quedó sumergida entre el 800 y el 500 a.c., e incluso sostuvo que "las estructuras rectángulares que se observan en las fotografías, podrían ser parte de los templos que Platón describió en sus diálogos".
Pese a que aún no se han encontrado las suficientes evidencias para corroborar totalmente su existencia, la ciencia continúa tratando de establecer su paradero.
En 2005, se llevó a cabo el primer congreso científico sobre Atlántida, en la isla griega de Milo, y se proyecta un segundo congreso de este tipo, para el 2008.
La humanidad parece guardar la esperanza de que algún día la Atlántida salga a luz y deje de ser una leyenda. Tal como ocurrió en 1903, cuando Henry Schilemann, demostró al mundo que Troya, la ciudad mítica de Homero, era una realidad palpable.
Es por ello que los narradores de leyendas americanos mantienen vivo este mito, y cuentan que en tiempos remotos existieron dos continentes más.
La Atlántida, al oriente, y Lemuria, al occidente.
Pero un día, los mares se levantaron con furia y lucharon contra las montañas. Muy pocos se salvaron, pero nadie sabe, a ciencia cierta, que pasó con ellos.
Mientras tanto, en América se formaron nuevas civilizaciones que se llamaron a sí mismos mayas, incas y aztecas.
Civilizaciones que dejaron manifestaciones gigantes de sus conocimientos avanzados, como los calendarios, las mediciones atronómicas, las pirámides y las construcciones de Machu Pichu o los dibujos de Nazca.
Los narradores cuentan que esos conocimientos llegaron al continente americano con un pequeño grupo de hombres de una raza extraña, que aseguraban haber sobrevivido a una tragedia que el mundo jamás podría olvidar.

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